Showing posts with label Liberalismo. Show all posts
Showing posts with label Liberalismo. Show all posts

Wednesday, June 17, 2009

Enganchados al nuevo socialismo

Una de las incorrecciones más recurrentes de los críticos del liberalismo consiste en achacarle un ensimismamiento extremo que imposibilita cualquier iniciativa cooperativa sin afán de lucro. Como si el derecho a disponer de la propiedad y de la fuerza de trabajo propias como a uno le plazca convirtiera a los seres humanos en eremitas. A menudo, lo que estas críticas esconden es simple desconfianza ante la espontaneidad y el autoaprendizaje. Y si además el nuevo conocimiento desmiente enseñanzas reveladas u osa contradecir el diseño natural y el destino necesario de las cosas, tanto peor.

Internet es un ámbito especialmente propicio a los experimentos que desmienten con éxito las viejas dicotomías y el maniqueísmo caduco que aún domina buena parte de los debates políticos de nuestro tiempo.

Kevin Kelly, fundador de la revista de tecnología Wired y sucesor de Stewart Brand, padre del hipismo individualista y creador de una de las primeras comunidades online, The Well (también a mí todo esto me sonaba a ciencia-ficción hace unos años) celebra en un artículo titulado El nuevo socialismo el advenimiento del colectivismo internético, un movimiento que tiene muy poco que ver con el socialismo de nuestros bisabuelos.

La proliferación de páginas como Wikipedia, en las que miles de individuos ofrecen de forma libre bienes y servicios a otros por puro placer o diversión, e inventos como Linux, un sistema operativo gratuito fruto de la labor de la Free Software Foundation, OpenOffice y Mozilla, constituyen el mayor desafío actual a lo que Kelly denomina “socialismo de bandera roja”.

A través de multitud de páginas cooperativas “masas de personas poseedoras de los medios de producción trabajan para lograr un objetivo y ponen en común sus productos, aportan trabajo gratuito y disfrutan de los frutos del trabajo sin pagar. No me parece excesivo llamarlo socialismo”. A mí tampoco. De todas formas, la carencia de ideología y de planificación y coordinación centrales, la falta de una teleología, es decir, alguna causa final por la que valga la pena matar y morir, y el importante componente hedonista de estas iniciativas, sitúan estos proyectos más cerca del vitalismo de Nietzsche que de la utopía marxista de los últimos tiempos que nunca llegarán.

¿Es el comunismo.com la nueva frontera? ¿Es el socialismo digital la auténtica tercera vía, alejada tanto de la organización burocrática como de la basada en el beneficio? ¿Es algo así compatible con el libre mercado? ¿Tiene razón Bill Gates cuando acusa a los liberales partidarios del software libre de estar cavando sus propias tumbas? Creo que no. El nuevo socialismo de Internet no sería posible sin el excedente de tiempo y dinero del que disponen sus impulsores, que a menudo han utilizado estas iniciativas voluntarias como fuente de inspiración de nuevos y lucrativos negocios.

Lo que sí me intriga es por qué en otros países colectivos tan dispares como el proabortistas y la derecha religiosa apoyan la intervención del Estado para forzar a los operadores a respetar la llamada neutralidad de la red. Me temo que lo que ambos grupos defienden no es la libertad de expresión, sino la limitación de la libertad de contratación de quienes prefieren dedicar su tiempo libre al exhibicionismo altruista y no a la compra de políticos. Eso sí es socialismo.


Sunday, February 01, 2009

Derecha, izquierda y cultura

En una tercera página de ABC, Benigno Pendás habla de lo que algunos denomina "guerra cultural" (creo que cada vez alguien de derechas pronuncia esa expresión el PP pierde unos miles de votos, pero allá ellos) y propone formas en las que lo que el denomina virtudes liberales -yo diría liberal-conservadoras con cierto sesgo republicano- triunfen en la sociedad. También advierte de ciertos errores y tácticas contraproducentes en las que incurren incluso algunos liberales. Estoy bastante de acuerdo con él, y en todo caso sus párrafos son muy estimulantes y animan a la reflexión y al debate:

No nos engañemos: mucha gente honrada compra recetas de moral evasiva con la única finalidad de sobrevivir en la oscura vida cotidiana. Se palpa una angustia latente en el centro comercial y en otros «no lugares» (la expresión, ya saben, procede de Marc Augé), esos espacios imposibles para el auténtico «vivere civile». ¿Soluciones? Ninguna es mágica, pero casi todas están inventadas. Libertad y responsabilidad. Imperio de la ley. Educación, respeto, civismo. Familia y principios éticos. Rigor, austeridad, honradez. Carácter instrumental de los bienes materiales. Excelencia, calidad, valor de la obra bien hecha. Reconocer el mérito: el triunfo de los mejores es bueno para todos. Espíritu abierto al mundo. Patriotismo sensato, lejos del localismo ridículo y estrecho. Ideas claras y rechazo del pensamiento débil y confuso. Perseverancia e ilusión renovada frente al ambiente apático y hedonista... Rajoy apeló hace poco a estos valores positivos, pero los oyentes sólo pensaban en películas de espías. Son las viejas virtudes liberales, de honda raíz humanista. Nada nuevo, si se fijan: Atenas, Roma, Jerusalén, Europa moderna, América contemporánea...

La fuente clásica sigue siendo el discurso de Pericles, piedra angular de la teoría política en Occidente. Es fácil percibir ecos lejanos incluso en el mensaje presidencial de Barack Obama. Una copia menor, sin duda: es muy difícil pasar a la historia en el capítulo reservado a los gigantes. Por supuesto, cualquier comparación le favorece cuando miramos a nuestro alrededor. Elogio brillante de los Padres Fundadores y sus principios ilustrados, con la excepción significativa del libre comercio. Un socialdemócrata «muy puro», según Zapatero. El historiador de las ideas no sabe si reír o llorar. El analista de la vida española descubre la maniobra de siempre. El objetivo es desplazar a la derecha hasta el pelotón de los torpes. Un día sí, y el otro también. El sectarismo nubla el intelecto y anula la racionalidad. Si la izquierda dice «buenos días», algún coro responde indignado: mentira, porque yo digo «buenas noches». La trampa funciona. Gente decente, conservadores o incluso liberales, terminan recluidos en el infierno dialéctico: les obligan a defender lo indefendible o, cuando menos, quedan al margen de cualquier novedad cultural que pueda calar en la mentalidad posmoderna, frágil por naturaleza pero influyente como ninguna. Algunas veces, el Partido Popular disfraza sus conflictos internos bajo un sedicente barniz ideológico. Es imprescindible apagar un fuego que amenaza incendio. En todos los partidos del mundo civilizado conviven dos o tres «almas». En los americanos, por cierto, al menos quince o veinte. El mensaje sigue siendo el medio. Es una buena idea abrir el campo político a las tecnologías de la sociedad de la información. Ahora hace falta transmitir virtudes liberales vía «tuenti» o «facebook» o algún «blog» atractivo para ganar la confianza de tantos jóvenes renuentes. Caso práctico sobre control ideológico. El «foro abierto» organizado por los populares merece el elogio sincero de los teóricos de la democracia participativa y deliberativa. No lo tendrá, naturalmente, porque todos esos teóricos son de izquierdas...

Las elecciones se ganan y se pierden en el estrato más profundo de la mentalidad colectiva. Los seres humanos no sólo queremos conseguir la victoria y llevarnos el premio. También queremos tener razón y disfrutar del reconocimiento ajeno. Por algo inventamos las ideologías, complemento racional -a veces- de las pasiones irracionales. Desde la izquierda más culta, el malogrado Rafael del Águila escribió con frecuencia sobre la «sobredosis» de creencias que inunda el mundo actual. Incluso el nihilismo -real o imaginario- funciona como un impulso para la voluntad de poder. No sé qué pensarán de nosotros las generaciones futuras... Volvamos al asunto: aquí y ahora, es preciso disputar y ganar el debate ideológico y cultural por parte de una derecha indolente en exceso. Por cierto, tal y como están las cosas: ¿es buen momento para hablar de las virtudes liberales? Me temo que tiene razón el personaje de Balzac: «ciertas sensaciones incomprendidas hay que reservarlas para uno mismo».

Thursday, October 16, 2008

El mercado no ha muerto

José María Lassalle firma un interesante artículo en El País donde defiende el liberalismo contra sus críticos. Como siempre, mezcla alguna churra con una o dos merinas, pero creo que en general tiene razón.

En el discurso que se comenta, Kennedy dedicó duras críticas hacia aquellos que, ante estos problemas, se refugian en la simplificación mitómana de los clichés, los hechos prefabricados y el conformismo de una opinión que elude las dificultades del pensamiento. Actitud que recuerda la mostrada estas últimas semanas por amplios sectores de la izquierda que, de repente, han tratado de saldar cuentas con la economía de mercado y sus fundamentos liberales, justificando así la vuelta a políticas keynesianas y de mercantilismo de Estado que, de aplicarse, comprometerían seriamente las fuentes de generación colectiva de nuestra prosperidad...

Es una reflexión muy poco afortunada afirmar, tal y como ha hecho John Stiglitz, que se está produciendo una especie de caída del "Muro" de Wall Street. Primero, porque éste fue un argumento que ya pusieron en circulación en los años 30 tanto el comunismo como el fascismo cuando combatían a las democracias liberales tras producirse el famoso crash bursátil del 29. Y segundo, porque el Muro de verdad, el de Berlín, cayó -y con él la fe ciega en el socialismo de Estado y la economía plani-ficada- cuando la pobreza y la tiranía hicieron inviable su continuidad histórica al dejar tras de sí un balance inaceptable de miseria y dolor colectivos...

El libre funcionamiento de un orden de mercado espontáneo sigue siendo la fórmula que mejor estimula la generación colectiva de riqueza y, al mismo tiempo, la protección global de las libertades individuales y sociales. Pero para que eso sea así, la experiencia histórica también demuestra que se necesita la presencia ineludible de una ley que no se relaje a la hora de impedir la arbitrariedad y los abusos de aquellos que tratan de vulnerar la vigilancia de las autoridades económicas...

Hay que dar respuesta eficaz a la crisis, pues, como concluía el presidente Kennedy en el discurso que se ofrecía al principio, hay que evitar que los problemas se multipliquen "estimulados por nuestra propia negligencia". Sólo así podremos generar "una visión y una energía que demuestre de nuevo al mundo la enorme vitalidad y la fuerza de la sociedad libre". De lo contrario los enemigos de la libertad aprovecharán su oportunidad para espolear ese chovinismo del bienestar que puede hacer que emerjan nuevos apóstoles de la sociedad cerrada.