Las reacciones de algunos miembros del pesebre monclovita al atentado de anteayer no dejan lugar a dudas. ¿Será necesario que a algunos les pongan una bomba en su casa o les maten a un hijo para que se actúen con algo de moralidad? Los esperanzados, esos que dicen que “No hay bombas contra la esperanza” y se refieren a los críticos con ZetaP como “los predadores de la palabra” deberían contactar con sus nuevos compañeros de viaje de HB, suministrarles sus direcciones y prestarse voluntarios como testigos de la paz. O tal vez mudarse a algún pueblo del País Vasco en el que sus amiguitas Comunistas de las Tierras Vascas hayan sacado muchos votos, y desde allí dar testimonio de su continua esperanza.
Según la “no homófoba” cronista del corazón y entrepiernas ajenas, la sinpar Carmen Rigalt, “el viernes, ZP había logrado callarnos a todos. La paz no se dice, se hace, vino a decir con expresión tácita”. ¿Acaso quiere decir la periodista que ETA es una organización pacifista? ¿O tal vez opina, como la ministra de Medio Ambiente, que no es sino un grupo político que sufre de insignificantes paréntesis violentos?
“y ayer por la mañana, un brutal spot de ETA devolvió el resuello a quienes llevaban casi 24 horas despojados de argumentos”. Despojados de toda moralidad y decencia llevan ella y otros. Cualquier cosa antes de decir la verdad, la verdad de las más de 200 acciones violentas de ETA desde la falsa tregua, de las docenas de cartas de extorsión, de las 350 pistolas robadas y de los 50 kilos de explosivos encontrados el día 23. Pero ya se sabe, la progresía laicista, esa que gusta de quemar crucifijos mientras se arrodilla en dirección a La Meca, ha sustituido la cita evangélica por el “ZP, una palabra tuya bastará para idiotizarme”. La Rigalt es el perfecto ejemplo de que en muchos casos a falta de religión buena es la superstición. Me recuerda a esos comunistas rusos que en los congresos del partido afirmaban haberse comunicado con el espíritu de Lenin. ¿Espiritismo ateo, absoluta estupidez o trágica complicidad con la mentira y la corrupción?
Además, para ella el peligro no está en ETA, sino en “algunos, que afilaron sus colmillos dejando inaugurado el que será el menú de la próxima semana: yugular al cuello”. Porque “si he de ir contra el gobierno, prefiero que sea por motivos gozosos” (...) “y espero que el futuro nos devuelva el proceso de paz con bríos nuevos”.
Lo que yo espero es que el futuro les devuelva a algunas las neuronas, cuando no el corazón, que debió de desangrarse clavadito de alguna espina. Se puede ser frívola, pero no desalmada.
Según la “no homófoba” cronista del corazón y entrepiernas ajenas, la sinpar Carmen Rigalt, “el viernes, ZP había logrado callarnos a todos. La paz no se dice, se hace, vino a decir con expresión tácita”. ¿Acaso quiere decir la periodista que ETA es una organización pacifista? ¿O tal vez opina, como la ministra de Medio Ambiente, que no es sino un grupo político que sufre de insignificantes paréntesis violentos?
“y ayer por la mañana, un brutal spot de ETA devolvió el resuello a quienes llevaban casi 24 horas despojados de argumentos”. Despojados de toda moralidad y decencia llevan ella y otros. Cualquier cosa antes de decir la verdad, la verdad de las más de 200 acciones violentas de ETA desde la falsa tregua, de las docenas de cartas de extorsión, de las 350 pistolas robadas y de los 50 kilos de explosivos encontrados el día 23. Pero ya se sabe, la progresía laicista, esa que gusta de quemar crucifijos mientras se arrodilla en dirección a La Meca, ha sustituido la cita evangélica por el “ZP, una palabra tuya bastará para idiotizarme”. La Rigalt es el perfecto ejemplo de que en muchos casos a falta de religión buena es la superstición. Me recuerda a esos comunistas rusos que en los congresos del partido afirmaban haberse comunicado con el espíritu de Lenin. ¿Espiritismo ateo, absoluta estupidez o trágica complicidad con la mentira y la corrupción?
Además, para ella el peligro no está en ETA, sino en “algunos, que afilaron sus colmillos dejando inaugurado el que será el menú de la próxima semana: yugular al cuello”. Porque “si he de ir contra el gobierno, prefiero que sea por motivos gozosos” (...) “y espero que el futuro nos devuelva el proceso de paz con bríos nuevos”.
Lo que yo espero es que el futuro les devuelva a algunas las neuronas, cuando no el corazón, que debió de desangrarse clavadito de alguna espina. Se puede ser frívola, pero no desalmada.

