Monday, August 28, 2006

PSOE y voto inmigrante: la solución

José García Domínguez ofrece hoy la solución a la cuestión del voto de los inmigrantes. En primer lugar, existe el problema de la reciprocidad. No podemos conceder el voto a los ecuatorianos residentes en España porque su constitución prohíbe que los españoles que viven allá voten. Además, si los pequeños estudios que se han hecho no se equivocan, es probable que los latinoamericanos voten más al PP y que los marroquíes se abstengan. Por último, los nacionalistas catalanes, fieles al ideario de las Bases de Manresa, no quieren que los extranjeros voten.

¿Qué hacer? Que Zerolo se desmarque con la propuesta de concesión de la ciudadanía a los cinco millones de bereberes que según la Junta Islámica de España se dicen parientes de moriscos.

Además de pedirles que agradezcan el favor concedido, el gobierno podría empadronarlos de forma estratégica en Madrid, Valencia, Murcia y demás comunidades gobernadas por el PP. De todas formas, esto crearía un problema a todos los latinoamericanos que aleguen que descienden en todo o en parte de españoles. ¿Cómo se verificaría eso? ¿Establecemos criterios raciales para la ciudadanía? -este es un buen ejemplo de las consecuencias no intencionadas de algunas políticas retrógradas disfrazadas de progreso y ciudadanía democrática. Mejor ni pensarlo.

En todo caso, con la propuesta morisca el PSOE mataría varios pájaro de un tiro. Y como por ahora mis predicciones han resultado ciertas, me apuesto un euro a que algún político de izquierdas se hace eco de la reivindicación islámica.

Saturday, August 26, 2006

Lo musulmanes moderados

Lo peor de esta magnífica pieza de ironía es que es cierto. Tal vez algún día deje de serlo, pero para eso hace falta que todos colaboremos. No se la pierdan.

Thursday, August 24, 2006

No me extraña lo de Arístegui

Leyendo los libros de Gustavo de Arístegui, más de una vez me pregunté si el autor sería musulmán, debido al cariño que mostraba por el Islam. Todo lo contrario de César Vidal, quien continuamente condena casi sin paliativos esa religión.

No por escandaloso debe sorprendernos que ahora los islamistas se lancen contra GdA, un hombre que cuenta con numerosos contactos en países árabes y tiene acceso a muchos de sus líderes políticos y religiosos, hecho que a algunos incluso nos ha escandalizado alguna vez. Recuerdo que tras su conferencia en el Campus de FAES el año pasado me sentí un tanto alarmado por lo acomodaticio que parecía con el régimen de Marruecos, por no mencionar mi malestar ante la presencia de un príncipe saudí en la presentación de su libro La Yihad en España.

Probablemente sea precisamente su cercanía al Islam lo que ha provocado esta Fatwa de hecho contra el diplomático y político español. Cada vez está más claro, aunque los multiculturalistas lo intenten ocultar -una de sus premisas es que los grupos son puros y no existen en ellos clivajes ni variedad, ya que entonces su propia definición de comunidad se vendría abajo- que dentro del Islam se vive una auténtica guerra civil entre los yihadistas y otros grupos, algunos más conservadores, otros más pro-occidentales.

En esta situación, personas como Gustavo de Arístegui son sin duda las más peligrosas para los islamistas, porque desmienten tanto la acusación de islamofobia a todo aquel que critique algún aspecto del Islam, como la imposibilidad, según ellos, de que el Islam pueda convivir con Occidente y hasta enriquecerse de un intercambio con él. Para ellos es mucho más cómodo que existan personas como César Vidal, cuya antipatía por el Islam resta validez y credibilidad a algunos de sus argumentos.

Esta amenaza me recuerda otros hechos ominosos como el asesinato de Ernest Lluch o, salvando las distancias, la concesión del premio ladrillo a Federico Jiménez Losantos. Si lo que queremos es el conflicto, lo primero que hay que hacer es eliminar o estigmatizar a los moderados, a aquellos que puedan suponer un puente entre los dos contendientes y que desmientan las falacias que uno de los bandos crea para justificar su ignominia. Gustavo de Arístegui es una víctima de su propia tolerancia, de su libertad de pensamiento y de su intento por establecer un auténtico diálogo de civilizaciones.

En estos momentos en los que la opción más fácil sería la radicalización y la condena a todos los musulmanes, es preciso mantener la calma, como ha hecho Gustavo siempre, y no seguirles el juego a los que claman islamofobia para legitimar su barbarie. Creo que esta es la opción más cabal, ya que crea disonancia cognitiva entre los que engañados por los totalitarios buscan alguna justificación a su odio, y valiente, porque sin duda pondrá a sus defensores en el punto de mira de los islamofascistas.

Que el liderazgo de la Comisión Islámica Española, esa organización que apoya electoralmente al PSOE en las elecciones, es, igual que otras similares en Gran Bretaña y los EEUU, un Caballo de Troya del yihadismo, es algo que conviene empezar a decir alto y claro. Sin embargo, sería un error condenar a todos los musulmanes. Por ejemplo, yo no culpabilizaría a aquella señora ataviada con pañuelo musulmán que en un acto político de Esperanza Aguirre el pasado invierno se hizo paso entre la gente, y asiéndola del brazo gritaba "mujer valiente" ante los ojos atónitos de todos los presentes. Esa es la gente a la que hay que apoyar, aunque el actual gobierno y sus amigos islámicos preferirían acallarlos -es la izquierda que tiene un problema con el islamismo, y no el PP con Franco, como algunos cortos de miras proclaman. Busquémoslos y dentro de las pocas posibilidades que cada uno tenga, y démosles una voz.

La amenaza contra Gustavo de Arístegui es algo que nos atañe a todos. Y sería conveniente que algunos comenzaran a dejarse de debates artificiales y vanales, a jugar a enfat terrrible, y se centraran en lo que verdaderamente está en juego en nuestros días, que no es sino la noción de libertad individual como principio rector de la sociedad. Sin eso, no queda nada.

Tuesday, August 22, 2006

Nuevo restaurante en Bombay: La Cruz de Hitler

Me hago eco de una noticia recogida en la bitácora canadiense Gay & Right sobre la apertura de un polémico restaurante en Bombay. Supongo que a la manager musulmana del lugar no le importaría que se abriera otro, llamado por ejemplo "Las cruzadas", decorado con pinturas occidentales que retratan a los caballeros cristianos masacrando turcos y demás musulmanes. Me pregunto lo que tardaría la comunidad musulmana de la India en poner el grito en el cielo, y ZP en emitir una carta conjunta con alguno de sus amigos de la media luna exigiendo respeto. En su próxima visita a la India en busca de inspiración y relax, los progres que ayer acudieron a la manifestación anti-Israelí que hoy relata Fernando Díaz Villanueva no pueden dejar de visitar este apacible y pacífico lugar.

A new restaurant in India's financial hub, named after Adolf Hitler and promoted with posters showing the German leader and Nazi swastikas, has infuriated the country's small Jewish community.

A huge portrait of a stern-looking Fuehrer greets visitors at the door. The cross in the restaurant's name refers to the swastika that symbolised the Nazi regime.

"This place is not about wars or crimes, but where people come to relax and enjoy a meal," said restaurant manager Fatima Kabani, adding that they were planning to turn the eatery's name into a brand with more branches in Mumbai.

The swastika has its roots in ancient Indian Hindu tradition and remains a sacred symbol for Hindus. Nazi theorists appropriated it to bolster their central hypothesis of the Aryan origins of the German people.



Lágrimas en el Muro de Berlín

Una amiga me pasa una cita de la presidenta de la asociación americana de Ciencia Política. La frase fue pronunciada en la clausura del congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración:

"Somos cada vez más expertos en explicitar post hoc por que algunos gobiernos , con tan buenos rendimientos en tantas dimensiones , de repente caen. Piensen en Líbano, la antigua Yugoslavia, o incluso la Unión Soviética."

Me pregunto si Margaret Levi se habrá tomado alguna vez la molestia de conocer las opiniones de algún disidente soviético, mirar el mapa de lo que en tiempos se llamó Yugoslavia antes de su creación , o interesarse por las razones del éxodo de cristianos de Líbano. O simplemente revisar la literatura que cuestionaba que la Unión Soviética tuviera buenos rendimientos.
Pero eso a ella no le importa. Lo fundamental es preguntarse por qué la realidad ha desmentido a la planificación. Huelga decir que tampoco duda la académica de la validez de los criterios por los que ella se guía a la hora de hablar de "buenos rendimientos".

Uno de los problemas de la Ciencia Política actual en los EEUU es su colonización por activistas socialistas procedentes de otras disciplinas como el Trabajo Social o las Relaciones Laborales. Así se llegan a decir grandes barbaridades. En vez de historia, economía, sociologia y derecho, los nuevos politólogos blanden El Manifiesto Comunista y su activismo político radical como las únicas credenciales científicas. El resultado de todo esto son situaciones cómico-trágicas como las que me tocó sufrir el pasado mes de Mayo. Una ex trabajadora social metida a politóloga describía a los EEUU como la nueva Esparta frente a una de las historiadoras griegas más prestigiosas, quien no sabía si reír o llorar. Por suerte, la audiencia no asistió pasiva a tal despropósito y se rebeló. Al final, la defensora de los pobres tuvo que matizar y reconocer que ella nunca había leído nada sobre la Grecia Clásica, pero que las cosas que había "oído" le hacían sacar esa conclusión, y que estaba reclutando "investigadores" para editar un libro defendiendo su peregrina tesis.

En otro momento, la defensora de los pobres hizo una encendida defensa de los "derechos reproductivos" amenazados por el presidente Bush. Cuando alguien -imagien quién- le preguntó si la administración republicana había declarado ilegal la píldora, si acaso las basectomías se practicaban de forma clandestina, o si tal vez el estado estaba llevando a cabo esterilizaciones forzadas a la población civil no reclusa o dictando un número máximo de hijos, la respuesta fue un aluvión de insultos, gritos y acusaciones de complicidad con no sé qué plan para convertir los EEUU en un gigantesco campo de concentración. Huelga decir que estos comentarios cerraron el debate y que el intento de réplica del interpelador fue abortado por un "lo siento, pero no te puedo dejar continuar, porque estos asuntos me ponen muy nerviosa". Este es el nuevo criterio imperante en la Ciencia Política actual.

Volviendo a Margaret Levi, su caso es paradigmático de lo que estoy explicando. La actual profesora de Estudios Internacionales fue presidenta del marxista Larry Bridge Center for Labor Studies y dirigente de organizaciones como el Jobs for Justice Workers' Rights y del Scholars, Artists and Writers for Social Justice . Esta organización se dedica, entre otras cosas, a hacer campaña a favor de la expulsión de los valores empresariales de la Universidad.

Su perfil como perfecto miembro del radical chic se completa con una gran colección de arte aborigen Australiano -¿no hay nadie que defienda a los aborígenes australianos contra la rapiña de los progres blancos en busca de exotismo?- parte de la cual Levi presta de manera generosa al museo de Seattle.

Su página web informa de que gran parte de su trabajo académico proviene de su involucración en el proyecto WTO, un centro de estudios sobre las movilizaciones contra la globalización que tuvieron lugar en Seattle en 1999. Nunca pensé que ir a pegar unos gritos a la calle diera para tanto, o que se pudiera edificar una carrera académica sobre la participación en una manifestación. La producción académica de la profesora Levi incluye también varios trabajos de investigación sobre "la nueva ciudadanía", los sindicatos, y por supuesto un volumen sobre pensamiento marxista.

Un poco de antieconomía, un mucho de sindicalismo radical y unas gotas de elitismo son la mezcla perfecta para conseguir hoy en día el reconocimiento internacional y para ir por el mundo alabando las virtudes de Tito y Stalin. La pregunta hoy en día no es por qué cayo el Muro, sino cómo algo tan positivo como el socialismo real pudo acabar. Yo añadiría otra: ¿Cómo es que tantas piedras del Muro cayeron hacia el Oeste, y por qué hay tantos que se empeñan en recogerlas, atesorarlas y derramar amargas lágrimas sobre ellas? Tal vez alguien tenga valor para organizar un grupo de trabajo sobre esta cuestión en algún congreso.