Thursday, October 12, 2006

Un galdosiano menos en el mundo

Uno de mis mantras favoritos, especialmente dirigido a los jóvenes ancap, es "menos Escuela de Austria y más Pérez Galdós", y que digan lo que quieran.
Y es precisamente de un insigne galdosiano norteamericano recientemente fallecido (no sé si queda alguno en España, pero allá hay varios) que les quería hablar. Su nombre es Timothy McGovern y era profesor de literatura y de idiomas español y portugués en la Universidad de California en Santa Bárbara.
Tim es el autor de Dickens in Galdós (2000) y actualmente se encontraba redactando Queering Peninsular Fictions. Recuerdo una conversación en su apartamento de West Hollywood, cuanto mientras yo hojeaba sus Obras Completas de Pérez-Galdós él me hablaba de Madrid, ciudad que había conocido a través de viajes y novelas, y a la que algún día retornaría, aunque últimamente había perdido el gusto por los trayectos largos. Me contó algunas anécdotas muy divertidas sobre la sexualidad de Galdós y me confesó su poca atracción por el cine de Almodóvar.

Tim y yo teníamos muchas diferencias, sobre todo políticas (creo que la infección progresista en los departamentos de literatura ha tenido efectos nocivos sobre muchos investigadores serios, quienes seducidos por el mito revolucionario pierden de vista el arte y terminan haciendo propaganda radical de tercera). Sin embargo, a pesar de los guiños queer, la producción de McGovern es estimulante y rigurosa, una mezcla de candidez y sofisticación fascinante y enriquecedora.
Aparte de su labor como investigador, Tim dirigía el programa de idiomas del Departamento de Español y Portugués de UCSB. Mi fichaje como profesor fue fruto de una pequeña conspiración entre él, que en ese momento buscaba nuevos reclutas, y la secretaria del departmento, quien me "practicó" la entrevista de trabajo más sutil que yo haya hecho. Tanto así que cuando me sugirió que en vez de matricularme en portugués avanzado le enviara mi cv al profesor McGovern y le dijera que tenía vocación docente, ni siquiera me pregunté por qué ese señor estaría interesado en recibir una carta de presentación de un graduado en Políticas. El truco funcionó y a los pocos días me encontraba sentado en su seminario de metolodología de la educación y dispuesto a dar mi primera clase en la universidad.
Gracias a las lecciones, tanto las que impartí (me gané la merecida fama de tough grader, aunque creo que mis alumnos se llevaron aquello por lo que tanto habían pagado) como las que recibí en el seminario de Tim, fui contratado en mi propio departamento como ayudante de cátedra. Huelga decir que sin el entrenamiento previo en Español no habría logrado captar la atención de los profesores de Políticas, más allá de ser uno de esos excéntricos doctorandos extranjeros que no permiten que nadie insulte a los EEUU delante de ellos y que piensan que el número de catetos en el Partido Demócrata supera con creces el del Republicano.

Pero además de ser un gran maestro, Tim fue una persona noble y generosa, siempre disponible para escuchar y más que dispuesto a aceptar ideas nuevas. Era alto y guapo y siempre vestía vaqueros y botas camperas. Le gustaba todo lo mexicano y sabía divertirse a cualquier hora del día. También recuerdo el día que me llevó al Pride de Long Beach. Yo andaba medio triste y él me invitó a pasar el día con él. Uno de esos favores gratuitos e impagables que uno recibe de vez en cuando y que le reconcilian con todo y todos.

Ignoro lo que puede haber causado esa muerte tan repentina. Tal vez sea verdad lo que dicen los orientales: una vez que has hecho lo que tenías que hacer, mejor es que te vayas. Creo que Tim había cumplido la primera condición, así que su partida se me antoja lógica y en cierta forma justa, por mucho que nos pese a los demás. Ya saben que cuando alguien muere uno no sabe si llora de pena o por egoísmo.

Que su bondad sirva de ejemplo a todos los que tuvimos el honor de conocerlo y el privilegio de aprender de él. Descanse en paz.

3 comments:

José Carlos Rodríguez said...

Yo soy muy de Galdós. Tiene un alma amplísima, y un amor por la gente que desborda su obra.

La loca del pelo rojo said...

El mal que señalas no es exclusivo de los jovenes ancap, sino de muchos jóvenes, en general. Es una lástima y una enorme rémora para ellos, que probablemente no ven. Lo malo sería que se quedaran en esa ignorancia, solo disculpable a la juventud inexperta, una vez pasados los 25. Es un buen consejo lo de más Galdós...
José Carlos, se nota en lo que dices y sobre todo en cómo lo dices que te gusta Galdós. ;-)

Anonymous said...

Libertymad, hombre cabal