Tuesday, August 22, 2006

Lágrimas en el Muro de Berlín

Una amiga me pasa una cita de la presidenta de la asociación americana de Ciencia Política. La frase fue pronunciada en la clausura del congreso de la Asociación Española de Ciencia Política y de la Administración:

"Somos cada vez más expertos en explicitar post hoc por que algunos gobiernos , con tan buenos rendimientos en tantas dimensiones , de repente caen. Piensen en Líbano, la antigua Yugoslavia, o incluso la Unión Soviética."

Me pregunto si Margaret Levi se habrá tomado alguna vez la molestia de conocer las opiniones de algún disidente soviético, mirar el mapa de lo que en tiempos se llamó Yugoslavia antes de su creación , o interesarse por las razones del éxodo de cristianos de Líbano. O simplemente revisar la literatura que cuestionaba que la Unión Soviética tuviera buenos rendimientos.
Pero eso a ella no le importa. Lo fundamental es preguntarse por qué la realidad ha desmentido a la planificación. Huelga decir que tampoco duda la académica de la validez de los criterios por los que ella se guía a la hora de hablar de "buenos rendimientos".

Uno de los problemas de la Ciencia Política actual en los EEUU es su colonización por activistas socialistas procedentes de otras disciplinas como el Trabajo Social o las Relaciones Laborales. Así se llegan a decir grandes barbaridades. En vez de historia, economía, sociologia y derecho, los nuevos politólogos blanden El Manifiesto Comunista y su activismo político radical como las únicas credenciales científicas. El resultado de todo esto son situaciones cómico-trágicas como las que me tocó sufrir el pasado mes de Mayo. Una ex trabajadora social metida a politóloga describía a los EEUU como la nueva Esparta frente a una de las historiadoras griegas más prestigiosas, quien no sabía si reír o llorar. Por suerte, la audiencia no asistió pasiva a tal despropósito y se rebeló. Al final, la defensora de los pobres tuvo que matizar y reconocer que ella nunca había leído nada sobre la Grecia Clásica, pero que las cosas que había "oído" le hacían sacar esa conclusión, y que estaba reclutando "investigadores" para editar un libro defendiendo su peregrina tesis.

En otro momento, la defensora de los pobres hizo una encendida defensa de los "derechos reproductivos" amenazados por el presidente Bush. Cuando alguien -imagien quién- le preguntó si la administración republicana había declarado ilegal la píldora, si acaso las basectomías se practicaban de forma clandestina, o si tal vez el estado estaba llevando a cabo esterilizaciones forzadas a la población civil no reclusa o dictando un número máximo de hijos, la respuesta fue un aluvión de insultos, gritos y acusaciones de complicidad con no sé qué plan para convertir los EEUU en un gigantesco campo de concentración. Huelga decir que estos comentarios cerraron el debate y que el intento de réplica del interpelador fue abortado por un "lo siento, pero no te puedo dejar continuar, porque estos asuntos me ponen muy nerviosa". Este es el nuevo criterio imperante en la Ciencia Política actual.

Volviendo a Margaret Levi, su caso es paradigmático de lo que estoy explicando. La actual profesora de Estudios Internacionales fue presidenta del marxista Larry Bridge Center for Labor Studies y dirigente de organizaciones como el Jobs for Justice Workers' Rights y del Scholars, Artists and Writers for Social Justice . Esta organización se dedica, entre otras cosas, a hacer campaña a favor de la expulsión de los valores empresariales de la Universidad.

Su perfil como perfecto miembro del radical chic se completa con una gran colección de arte aborigen Australiano -¿no hay nadie que defienda a los aborígenes australianos contra la rapiña de los progres blancos en busca de exotismo?- parte de la cual Levi presta de manera generosa al museo de Seattle.

Su página web informa de que gran parte de su trabajo académico proviene de su involucración en el proyecto WTO, un centro de estudios sobre las movilizaciones contra la globalización que tuvieron lugar en Seattle en 1999. Nunca pensé que ir a pegar unos gritos a la calle diera para tanto, o que se pudiera edificar una carrera académica sobre la participación en una manifestación. La producción académica de la profesora Levi incluye también varios trabajos de investigación sobre "la nueva ciudadanía", los sindicatos, y por supuesto un volumen sobre pensamiento marxista.

Un poco de antieconomía, un mucho de sindicalismo radical y unas gotas de elitismo son la mezcla perfecta para conseguir hoy en día el reconocimiento internacional y para ir por el mundo alabando las virtudes de Tito y Stalin. La pregunta hoy en día no es por qué cayo el Muro, sino cómo algo tan positivo como el socialismo real pudo acabar. Yo añadiría otra: ¿Cómo es que tantas piedras del Muro cayeron hacia el Oeste, y por qué hay tantos que se empeñan en recogerlas, atesorarlas y derramar amargas lágrimas sobre ellas? Tal vez alguien tenga valor para organizar un grupo de trabajo sobre esta cuestión en algún congreso.


4 comments:

Daimon said...

No hace falta cruzar el charco para observar la corrupción -que diría algún clásico griego- de la Ciencia Política. Mucho más cerca, en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Complutense ocurre lo mismo. Lo mismo no, porque seguramente el nivel intlectual de muchos profesores sea menor -difícil pero no imposible- que el de la sra. Levi. Salvo algunas maravillosas y brillantes excepciones que uno ha ido encontrado por el camino y que incluso le llevan a comprar "El País" cuando allí escriben.
Miedo tengo ante las puertas del cuarto curso donde hay muchas asignaturas de economía que serán impartidas desde un punto de vista comunista en alguna de sus variantes.

Libertymad said...
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Guille, da maus said...

En las ciencias sociales se toman muy a pecho lo de "social", y que por ello lo suyo es garantia de humanidad, "lo mejor" para todos. Por eso insisten en justificar lo injustificable elaborando teorias, adueñándose de toda exégesis para imponer sus paradigmas y "epistemes". Y si fracasan, ya tienen de antemano su chivo expiatorio, el cual no merece reflexión ni interpretación alguna, porque es el enemigo inhumano y punto.

Anonymous said...

Margaret Levi es una politóloga muy competente. Su uso de las metodologías de la acción racional y la teoría de juegos no tienen nada que ver con el Manifiesto Comunista ni nada que se le parezca. Aquí pontificad lo que queráis, pero si algún lector despistado quiere hacerse una imagen del trabajo de Margaret Levi, puede descargar ser.