Thursday, August 24, 2006

No me extraña lo de Arístegui

Leyendo los libros de Gustavo de Arístegui, más de una vez me pregunté si el autor sería musulmán, debido al cariño que mostraba por el Islam. Todo lo contrario de César Vidal, quien continuamente condena casi sin paliativos esa religión.

No por escandaloso debe sorprendernos que ahora los islamistas se lancen contra GdA, un hombre que cuenta con numerosos contactos en países árabes y tiene acceso a muchos de sus líderes políticos y religiosos, hecho que a algunos incluso nos ha escandalizado alguna vez. Recuerdo que tras su conferencia en el Campus de FAES el año pasado me sentí un tanto alarmado por lo acomodaticio que parecía con el régimen de Marruecos, por no mencionar mi malestar ante la presencia de un príncipe saudí en la presentación de su libro La Yihad en España.

Probablemente sea precisamente su cercanía al Islam lo que ha provocado esta Fatwa de hecho contra el diplomático y político español. Cada vez está más claro, aunque los multiculturalistas lo intenten ocultar -una de sus premisas es que los grupos son puros y no existen en ellos clivajes ni variedad, ya que entonces su propia definición de comunidad se vendría abajo- que dentro del Islam se vive una auténtica guerra civil entre los yihadistas y otros grupos, algunos más conservadores, otros más pro-occidentales.

En esta situación, personas como Gustavo de Arístegui son sin duda las más peligrosas para los islamistas, porque desmienten tanto la acusación de islamofobia a todo aquel que critique algún aspecto del Islam, como la imposibilidad, según ellos, de que el Islam pueda convivir con Occidente y hasta enriquecerse de un intercambio con él. Para ellos es mucho más cómodo que existan personas como César Vidal, cuya antipatía por el Islam resta validez y credibilidad a algunos de sus argumentos.

Esta amenaza me recuerda otros hechos ominosos como el asesinato de Ernest Lluch o, salvando las distancias, la concesión del premio ladrillo a Federico Jiménez Losantos. Si lo que queremos es el conflicto, lo primero que hay que hacer es eliminar o estigmatizar a los moderados, a aquellos que puedan suponer un puente entre los dos contendientes y que desmientan las falacias que uno de los bandos crea para justificar su ignominia. Gustavo de Arístegui es una víctima de su propia tolerancia, de su libertad de pensamiento y de su intento por establecer un auténtico diálogo de civilizaciones.

En estos momentos en los que la opción más fácil sería la radicalización y la condena a todos los musulmanes, es preciso mantener la calma, como ha hecho Gustavo siempre, y no seguirles el juego a los que claman islamofobia para legitimar su barbarie. Creo que esta es la opción más cabal, ya que crea disonancia cognitiva entre los que engañados por los totalitarios buscan alguna justificación a su odio, y valiente, porque sin duda pondrá a sus defensores en el punto de mira de los islamofascistas.

Que el liderazgo de la Comisión Islámica Española, esa organización que apoya electoralmente al PSOE en las elecciones, es, igual que otras similares en Gran Bretaña y los EEUU, un Caballo de Troya del yihadismo, es algo que conviene empezar a decir alto y claro. Sin embargo, sería un error condenar a todos los musulmanes. Por ejemplo, yo no culpabilizaría a aquella señora ataviada con pañuelo musulmán que en un acto político de Esperanza Aguirre el pasado invierno se hizo paso entre la gente, y asiéndola del brazo gritaba "mujer valiente" ante los ojos atónitos de todos los presentes. Esa es la gente a la que hay que apoyar, aunque el actual gobierno y sus amigos islámicos preferirían acallarlos -es la izquierda que tiene un problema con el islamismo, y no el PP con Franco, como algunos cortos de miras proclaman. Busquémoslos y dentro de las pocas posibilidades que cada uno tenga, y démosles una voz.

La amenaza contra Gustavo de Arístegui es algo que nos atañe a todos. Y sería conveniente que algunos comenzaran a dejarse de debates artificiales y vanales, a jugar a enfat terrrible, y se centraran en lo que verdaderamente está en juego en nuestros días, que no es sino la noción de libertad individual como principio rector de la sociedad. Sin eso, no queda nada.

8 comments:

El Cerrajero said...

Cuanto antes iniciemos la tarea de echar al Islam de Europa menos sangre se derramará.

Kantor said...

Pues eso: mi simpatia para Gustavo de Aristegui. Esto solo ha hecho empezar.

Joan Pirata said...

Es un artículo perfecto, punto por punto.

¡Enhorabuena!

P.S. cerrajero, vuelvo en una semana con una plantilla nueva y mas hambre de entrañas progres ;)

Libertymad said...

Joan, viniendo de ti, que no te casas con nadie, es todo un elogio.
Más que al Islam, deberíamos aplicar la ley contra los radicales. Con eso bastaría, pero como hay acuerdos no confesados entre cierta izquierda y el islamismo...

avanti said...

me sumo al apoyo de GdA y a los elogios al bien construído texto.
enlazo.
saludos

Alberto Neira said...

Te devuelvo la visita a mi blog y de paso me sumo a los apoyos a Gustavo de Aristegui.

Personalmente siempre he tenido la opinion de que cuando occidente se preocupe de no dejar en manos (dependencia economica y cultural) de organizaciones terroristas y gobiernos fascistas a la poblacion musulmana y les ofrezca su ayuda para instrumentalizar verdaderos Estados de Derecho (tampoco pido perfectas democracias liberales a la manera occidental) el radicalismo ira reduciendose, y no creo que ningun musulman, por muy "conservador" que sea, vaya a mover un dedo por defenderlos.

Anonymous said...

"Esta amenaza me recuerda otros hechos ominosos como el asesinato de Ernest Lluch o, salvando las distancias, la concesión del premio ladrillo a Federico Jiménez Losantos. Si lo que queremos es el conflicto, lo primero que hay que hacer es eliminar o estigmatizar a los moderados"
O sea, Federico es moderado, ¿no? Será en la mesa...

Libertymad said...

Desde luego que Federico es moderado. Te doy dos ejemplos: los homosexuales y le economía. En ambos casos su postura es liberal, y tanto los conservadores como los más libertarios antiestatistas lo acusan de moderación y tibieza. A eso le llamo yo moderación, una postura liberal, pero no extrema ni revolucionaria.